domingo, 3 de julio de 2011

Corazón Honesto


Una de las razones más importantes por la que fuiste creado fue para tener comunión con Dios. Él desea  hablarte todos los días,  expresarte palabras de amor que nunca has escuchado, darte dirección para que tomes decisiones acertadas, pero Él no solamente quiere hablarte sino también escuchar lo que tienes que contarle. Cada vez que hablo con Dios en mis oraciones me presento delante de Él tal y como soy con todas mis imperfecciones, dolores, temores, angustias, debilidades, etc. y con mucha sinceridad le cuento a Dios todo lo que me aqueja, roba el gozo, quita la paz y obstruye el cumplimiento de sus promesas.

¿Por qué lo hago? Porque no encontraré a nadie capaz de comprenderme como lo hace el Señor. Lo hago porque solamente en sus presencia encuentro  restauración, perdón, esperanza, confianza y propósito. 

¿Hay alguna cosa que no le has contado a Dios?  Entonces te animo terminar el día de hoy  abriéndole tu corazón a Dios. Cuéntale lo que no le contarías a nadie,  sé tan claro y honesto como puedas e implora por su favor y misericordia. Es cierto que Dios sabe todo lo que has hecho, lo que sientes y todo lo que eres, pero ocurre algo muy especial en el corazón del hombre y la mujer cuando con la ayuda del Espíritu Santo reconocen que son imperfectos, pecadores y se arrepienten.  Una paz inexplicable invade a aquellos que con un corazón honesto se acercan a la presencia de Dios. El salmista decía en el Salmo 32
Mientras callé, se envejecieron mis huesos 
En mi gemir todo el día. 
Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; 
Se volvió mi verdor en sequedades de verano.
Pero esta parte es hermosa Remanente:

Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. 
Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; 
Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. 

Cada vez que le abres tu corazón al Señor y lo vacías delante de su presencia recibes perdón y una paz incomparable. No esperes más abre tu corazón rendido el total y completa honestidad delante de tu maestro.

El Señor te ama y yo también.

YORDANKA ARROCHA

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